Madre mÃa… Ayer no tenÃa el dÃa, o al menos la mañana… Me desperté a las 5 de la mañana y ya me pasé lo que quedaba de noche dando vueltas en la cama. A las 0715h me levanté por fin, no de mala uva, sino con ira directamente. No pude desayunar porque tenÃa que ir a la mutua a que me hicieran un análisis de sangre, asà que me preparé el desyuno para llevármelo al trabajo, me duché, me vestà y me fui. A las cinco llovÃa y cuando Oliver salió de casa me dijo que no llovÃa ya. De hecho cuando iba yo a salir brillaban unos cuantos rayitos de sol, asà que de paraguas… ¡ni hablar!.
Al llegar a la mutua subà al laboratorio, dejé mi solicitud y esperé. Al rato me metieron en la salita y prepararon los tubitos para sacarme la sangre. ¡¡¡14 NADA MÃS Y NADA MENOS!!! Yo creo que es que trafican con los tubitos de sangre… como va tan soilcitada… Todo fue muy bien, la chica más maja que las pesetas y no me enteré de nada. Ni cardenal ni nada me ha salido.
Al salir caÃan cuatro gotinas que se podÃan esquivar con facilidad, y me fui a desayunar delante de la mutua. Qué gusto comer después de que te chupen la sangre. Al ir a salir ya caÃa agua como en el diluvio universal… ¡qué desastre, y yo sin paraguas! Me afiancé con dos periódicos de estos gratuitos de la cafeterÃa para cubrirme la cabeza y a ir tan deprisa como mis piernas me permitieran sin perecer en el intento. ¡Qué absurdo porque con la que caÃa y el viento… los periódicos (pobres) no servÃa de gran cosa). Suerte que no vivo muy lejos y llegué pronto, pero en qué estado…
Me tuve que cambiar de ropa, secar y arreglar un poco el pelo dentro de mis posibilidades, coger mis bártulos y salir pitando para ir al trabajo. Pero en el ascensor me di cuenta que iba con zapatillas de estar por casa… joer… vuelve otra vez y cámbiate.
Por logro salir y dirigirme al coche. Esta vez con paraguas pero casi que si no lo hubiera llevado no lo hubiera notado. Falda, medias, zapatos y en consecuencia, piernas y pies empapados. Llego al coche y no se me ocurre más que en tales circunstancias colocar el adaptador del cinturón de seguridad para embarazadas en el asiento. Señor… Contorsionismo puro y duro. La gente que pasaba al lado del coche no sé qué debÃa pensar que hacÃa yo en el coche, porque parecÃa cualquier cosa menos disponerme a sentarme y disponerme a salir. Tuve que pasar al asiento trasero para ajustar la cincha del adaptador, y mi coche, lo que se dice amplio en la parte trasera no es… en un renault mégane coupé (quien lo conoce sabe a qué me refiero). Asà que si no tengo ningún esguince en la espalda o tobillos y ningún hueso roto al intentar pasar mi cuerpo de alante a atrás y viceversa, es todo un milagro. ¡claro, es que sin entrar en el coche no podÃa hacerlo debido a la inmensa cantidad de litros por metro cuadrado que caÃa en la calle…!
A las 10 llegué al trabajo por fin, y cómo no, el sol empezaba a amenazar. No podÃa ser de otra forma. Llovió, salió el sol, hizo más viento, y finalmente la lluvia remitió.
El resto del dÃa transcurrió sin cambios y todo tranquilo. Yo cabeceando en mi puesto de trabajo (qué sueño tenÃa por Dios, y no me extraña… con todo el estrés que llevaba!) Después del trabajo querÃa ir al gimnasio, pero mi cuerpo acabó por tener vida propia y desobedeció por completo lo que el cerebro le ordenaba. A casa a hibernar…
Y mañana… será otro dÃa. Â